Reflexionemos en el Salmo 19 (Parte 1)

  Hoy comenzaré una serie de reflexiones basadas en el Salmo 19.  Este salmo ha sido catalogado como un himno, el cual según Samuel Pagán, enfatiza en los temas educativos de la literatura sapiencial.  En su título hebreo, este salmo se le atribuye a David.  El gran escritor C.S. Lewis escribió que era el mejor poema del salterio, además de ser una de las mejores líricas jamás escritas en el mundo.

Dice el Salmo 19:1: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, el firmamento proclama la obra de sus manos.” El salmista comienza afirmando varias cosas. 

En primer lugar, que los cielos cuentan la gloria de Dios, y en segundo lugar, que el firmamento proclama la obra de las manos de Dios.  ¿Qué significará esta afirmación? Significa que la creación es testigo silente de la grandeza divina y nos testifica la existencia de un Dios creador.  En su epístola a los Romanos el apóstol Pablo nos dice lo siguiente:“Porque desde la creación del mundo las cualidades invisibles de Dios, es decir, su eterno poder y su naturaleza divina, se perciben claramente a través de lo que él creó, de modo que nadie tiene excusa.”

            Dicen los versículo 2 al 6: “Un día comparte al otro la noticia, una noche a la otra se lo hace saber.  Sin palabras, sin lenguaje, sin una voz perceptible, por toda la tierra resuena su eco,
¡sus palabras llegan hasta los confines del mundo! Dios ha plantado en los cielos
un pabellón para el sol.  Y éste, como novio que sale de la cámara nupcial,
se apresta, cual atleta, a recorrer el camino.  Sale de un extremo de los cielos
y, en su recorrido, llega al otro extremo, sin que nada se libre de su calor.”  En estos versículos el salmista usa ejemplos más específicos para seguirnos diciendo como la creación misma es testigo del poder y existencia de Dios.  Nos dice el versículo 2 que un día le comparte a otro día la noticia, y una noche a otra noche declara sabiduría.  Ahora, ¿qué noticia, y qué sabiduría compartirán el día y la noche?  La noticia y la sabiduría de que hay un Dios creador.  Cada uno, el día y la noche, le transmiten a su sucesor este mensaje para que la noticia  y la sabiduría se sigan proclamando.  Esto es importante, ya que el salmista nos enfatiza que las luces celestiales, el sol, la luna y las estrellas, ni son divinidades, ni tampoco controlan o revelan el destino de los seres humanos, sino que son testigos del Dios creador, el único que puede controlar y revelar el destino de los seres humanos.  Recordemos que en los tiempos del salmista muchas culturas del Oriente Medio consideraban al sol como un dios. 

            El versículo 3 nos dice que el testimonio de la creación es sin lenguaje, ni palabras.  Ahora, a pesar de que este testimonio es sin palabras, llega a todos los confines de la tierra, a todos los extremos del mundo. Que maravilloso es saber que en todo rincón del mundo el sol, la luna y las estrellas testifican del poder, la gloria y la existencia de Dios.  Es por esto que en Romanos 1:20 Pablo señala que nadie tiene excusa de decir que no ha escuchado de Dios, porque la misma naturaleza nos lo revela constantemente.  La parte final del versículo 4 nos dice que Dios puso un tabernáculo o pabellón en los cielos para el sol.  En el versículo 5 se compara al sol con un novio que sale de la recámara nupcial para recorrer los caminos, mientras que el versículo 6 nos dice que el sol en su recorrido llega de un extremo de los cielos al otro de tal manera que nadie se libra de su calor.  Señala Samuel Pagán que cuando el salmista dice que nada se esconde del calor del sol, equivale a afirmar  que nada puede evitar que la gloria divina llegue a los lugares más remotos y aislados de la creación divina.  En resumen, estos primeros versículos nos afirman en primer lugar, que la creación no es producto del azar o la casualidad, sino de Dios; en segundo lugar, que la creación nos testifica la realidad de un Dios creador; en tercer lugar, que este testimonio es silente pero su eco repercute en cada rincón de la tierra; en cuarto lugar, que no debemos nunca adorar a la creación sino al Dios creador.  Estos versículos nos hablan de los que se conoce como la revelación natural.

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